Cualquier proceso que implique la sustitución de un combustible fósil (gasolina, carbón, gas, gasoil, etc), por otro obtenido de una forma renovable y a coste reducido (sol, biomasa, eólico, geotermia, etc), siempre resultará rentable y a la vez ecológico. Bien es cierto que para aprovechar los recursos renovables, necesitamos sustituir o reacondicionar nuestras instalaciones. Esto implica un coste para el cliente, pero ese coste se ve amortizado muy rápidamente, por los bajos costes del combustible renovable.

Ejemplo: Si calentamos el agua de la vivienda con gas, podríamos instalar un equipo solar, que conllevaría un coste, pero el nuevo combustible para calentar el agua, sería el sol. Al ahorrarnos la bombona de gas, amortizaríamos la instalación en un corto periodo de tiempo y una vez amortizada, disfrutaríamos de agua caliente gratis.